Una de las aproximaciones literarias al Raval que más me ha impresionado es la de Jean Genet en su Diario del ladrón. Las vivencias de un homosexual, delincuente de poca monta, en los años 30, en aquellos bajos fondos barceloneses, portuarios y canallescos, proletarios y prostibularios, convenientemente poetizadas se convierten no sólo en un retrato descarnado del barrio sino, y lo que más me interesó cuando leí el libro, en la extraña mitificación de un espacio, cuyo eje central son las Ramblas, un barrio único en la Europa de la época, un barrio donde la presencia extranjera siempre tuvo un papel fundamental.Y, de nuevo, volviendo al tema del nombre de Raval y a pesar de que Juan Goytisolo publicó en el 2009 un libro titulado Genet en el Raval, me temo que el autor francés nunca hubiera identificado dicho lugar, pues Goytisolo, como yo en estas pequeñas historias, usamos el nombre actual del barrio, mientras que Genet lo conoció, seguramente, como Barrio Chino.