Desvelar: Descubrir, poner de manifiesto // Quitar, impedir el sueño, no dejar dormir // Dicho de una persona: Poner gran cuidado y atención en lo que tiene a su cargo o desea hacer o conseguir. (Según RAE)

Un trayecto poético y visual de Agustín Calvo Galán

Las imágenes y videos y todos los textos: autoría de A.C.G. puedes usarlos, siempre y cuando menciones la procedencia y autoría. Gracias.

Mostrando entradas con la etiqueta María Barredo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Barredo. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de junio de 2012

Escozor nuestro de cada día - Oración V

 Esta oración viril se va acumulando en el montón de la ropa sucia, cuando vuelves del partido, y yo te espero arrodillado frente a un espejo, no con gesto narcisista, sino pasándole un paño para que te veas aún más admirablemente sportman y persistiendo en tu atractivo de premaduro. Todos me miran, me dices, justo cuando yo vuelvo a rociar de  limpiacritales  la superficie  y tu imagen desaparece abrumada.


Escozor nuestro de cada día
Agustín Calvo Galán
Ilustración de María Barredo.

sábado, 14 de abril de 2012

Escozor nuestro de cada día - Oración IX


Ilustración de María Barredo
Esta oración ilustrada, desmedida, receso tal vez, y aminorada en su gesto de explicarnos, vagos,  planificando la lista -pegada con un magneto en forma de tulipán de Holanda a la puerta de la nevera-, porque siempre olvidamos apuntar la pasta dentífrica y seguimos aplastando el tubo, en forma de espiral, hasta la extenuación, y siempre queda un poco más, un milagrosamente ¡ay! poquito más, que evita la desesperación de irse a dormir sin haberlo apuntado en la lista de la compra.
De Escozor nuestro de cada día, Editorial Ultramarina (Sevilla, 2012)

sábado, 7 de abril de 2012

Escozor nuestro de cada día - Oración XXII


Ilustración de María Barredo

Las corbatas me turban. Soy un blasfemo en el centro comercial: los maniquíes -todo su plástico de color piel- me atosigan subliminalmente. Cuando te acicalas, no puedo parar de apretarte el nudo y hacerte abrir las piernas violentamente: la raya del pantalón debe exigir la exactitud y el roce de mi dedo índice; y si forcejeas durante el cacheo, te inmovilizo sujetándote los brazos con brusquedad. Así, frente al espejo, te tapo la boca con un cinturón de hebilla dorada y estiro desmesuradamente los tirantes que te sujetan. Mi tormento es esa sonrisa con la que finges dolor. Sé que es tarde, sé que llegarás tarde al despacho, pero quiero retenerte así: quiero que te pruebes todas las corbatas que te he comprado, mientras te desnudo; y sólo después, cuando haya elegido la que usarás para exhibirte, te dejaré marchar.

Agustín Calvo Galán, de Escozor nuestro de cada día. Próxima aparición en Editorial Ultramarina