Se ha dicho sobre "Y habré vivido"

Se ha dicho de "El violinista de Argelès"

lunes, 16 de agosto de 2021

Primer texto de "Cartografía del Raval"


 
ANTES DE LLEGAR

Cuando un italiano dice il mio paese no se refiere a la nación transalpina, a la Italia geográfica, política o cultural que ha dado mil glorias a la humanidad; no, en realidad está hablando de su pueblo, de su patria chica, de su localidad natal. Por eso, cuando oigo decir il mio paese siento que el italiano es la lengua más bella del mundo.

En una ocasión, invitado por unos amigos sorianos, presencié la fiesta del “levantamiento del mayo” en Vinuesa, –localidad pétrea, a los pies de las sierras de Urbión y de la Cebollera, que rodean la tan machadiana Laguna Negra–, y envidié a todos los vecinos de aquella localidad: niños, jóvenes, mayores, viejos, mujeres y hombres, los envidié como individuos y como colectividad, por ser y sentirse de un pueblo, por estar juntos en un mismo esfuerzo de ser, de ser colectivo. Y envidié a todos los que se sentían de un pueblo y eran capaces de aunar sus voluntades para levantar un “mayo”, y sentirse de un lugar por encima de todo: sentirse compatriotas de vecindad. Allí, en Vinuesa, durante aquella fiesta, supe que era un apátrida por haber nacido en una gran ciudad, cuyo destino, esfuerzos y símbolos colectivos se escapaban por completo a mi voluntad o me eran ajenos.

Tiempo después, leyendo Paseos con mi madre de Javier Pérez Andújar, que  explica la idiosincrasia de los barrios y localidades del extrarradio obrero, inmigrante, pobre, castellanoparlante, marginal, delincuente, reivindicativo, antes rojo ahora no se sabe de qué color, de Barcelona, pero no como haría un sociólogo o un historiador, sino desde un punto de vista personal, íntimo, literario, de relación con el entorno, con el espacio vivido, a veces amado y a veces odiado; decía que leyendo aquel libro sentí una inmensa alegría, me dio un vuelco el corazón y no solo porque es un gran libro, sino porque dejé de envidiar a los paisanos de Vinuesa o de cualquier localidad italiana: comprendí que mi pueblo, il mio paese, que mi patria era mi barrio: el Raval. Tan lejos de los barrios de Pérez Andújar, aunque en realidad tan cerca, porque no está en el extrarradio de Barcelona, sino en su mismo centro, pero que ha compartido y comparte con aquellas áreas extra muros buena parte de su realidad sociocultural.

En la época en la que leí Paseos con mi madre hacía ya unos años que había dejado de vivir en Barcelona y me había ido al campo, –por razones que ahora no vienen a cuento–; el caso es que el distanciamiento del barrio en el que nací y crecí y de la gran ciudad en su conjunto, unido a aquella lectura, facilitó que pudiera ponerme a pensar, recordar y cartografiar las vivencias y disquisiciones que aquí recojo en torno al que, para siempre ya, será mi barrio.

"Cartografía del Raval" (Polibea, 2021)

https://www.lasombradecain.com/online-store/Cartograf%C3%ADa-del-Raval-Cr%C3%B3nica-sentimental-de-un-barrio-de-Barcelona-p368986209 

lunes, 9 de agosto de 2021

La tarde

de agosto, con sus veladuras, podría ser una forma de nocturnidad. No ha llovido, y aún así las nubes grises, oscuras como cuervos, casi negras, cubren las cabezas de los árboles, también la mía. A lo lejos se oyen truenos infalibles. Lo sé, nunca llueve lo suficiente.

No hay atajos posible, solo meandros larguísimos para llegar a ninguna parte, para dejar de sentir sed.

(Inédito)