Desvelar: Descubrir, poner de manifiesto // Quitar, impedir el sueño, no dejar dormir // Dicho de una persona: Poner gran cuidado y atención en lo que tiene a su cargo o desea hacer o conseguir. (Según RAE)

Un trayecto poético y visual de Agustín Calvo Galán

Las imágenes y videos y todos los textos: autoría de A.C.G. puedes usarlos, siempre y cuando menciones la procedencia y autoría. Gracias.

jueves, 13 de febrero de 2020

¿Qué es "Cuando la frontera cerraba a las diez?

Extracto de una entrevista imaginaria a propósito de la próxima aparición del libro "Cuando la frontera cerraba a las diez" de Agustín Calvo Galán, en la colección Amsel de Ediciones Amargord.

- Dinos Agustín ¿Es un libro de poesía?
- No

- ¿Es un libro de narrativa?
- No

- ¿Es un libro de viajes?
- No

-¿Es, entonces, prosa poética?
- No

- ¿No será por casualidad autoficción, que está tan de moda ahora?
- No

- ¿Qué es pues este nuevo libro?
Es poesía, narrativa, viajes, prosa poética y autoficción. Todo a la vez.

- ¿Algo más?
-  Es un libro en la frontera. Pero no es una frontera imaginaria o metafórica, es un libro en la frontera misma entre España y Portugal. Y también está ambientado en un tiempo determinado, cuando aún existían fronteras terrestres en Europa, justo antes de que se aprobara el tratado de Maastricht.

miércoles, 29 de enero de 2020

Reseña de "Y habré vivido" por Ricardo Hernández Bravo

"Y habré vivido" consigue trasladarnos la sensación de pérdida, de desmoronamiento de la vida y los recuerdos y a la vez de la cultura y los asideros intelectuales y estéticos que nos sustentan, de esa Europa cuyo hermoso legado de luces y sombras, de encuentro y mestizaje parece resquebrajarse y volverse confuso también. Pero paralelamente a esa impresión de duda y extravío, de ese “llegar y tentar paredes”, de la trágica pregunta que se hace el autor (“¿Me estaré muriendo?”) nos vamos tropezando en estos versos con los oasis redentores que nos brindan la música, la pintura, el cine, la arquitectura, etc. Así, en ese viaje angustiado que realiza a través de la vida y la literatura parece abrirse un resquicio, una posibilidad de pervivencia a través del arte y, sobre todo, de la palabra y la memoria que conforman nuestra historia.  
En este poemario, como en otras de sus obras, Agustín consigue que la experiencia de lo vivido nos llegue como vista en una película, con esa hermosa pátina de esplendor y apariencia de perdurabilidad que nos trasmite la imagen de los mitos, los rostros hermosos y jóvenes, las voces inmortales  que parecen conjurar la inexorable huella del tiempo. 
Lo que perdura al fin en mi lectura es el eco de ese “Y/ si pudiera, escribiendo, seguir” que nos plantea: el lenguaje como posibilidad de recomienzo, de salvaguarda de la memoria. Es algo que particularmente me obsesiona en este mundo que tiende a la uniformidad y simplificación de los mensajes: la pérdida del lenguaje y, con él, la memoria. Y en este libro se constata también el deseo del autor de que el lenguaje diga diferente, ese trabajo de forzar a la palabra para que punce y horade: “pero la tierra/pero el subsuelo/pero la zanja abracadabra”; “siempre hay un lazo/que me asta y me capa”; “me desangro cuanto vivo”; “me andamio”; “me frontera”. 
Un libro lleno de temblor humano, de resistencia íntima ante la amenaza de ese “anhelo de ser no ser” que oscuramente nos ronda. 

Ricardo Herández Bravo