Anteriormente, este era un un trayecto poético y visual de Agustín Calvo Galán. Ahora pasa a ser un medio de propaganda del europeísmo y de la Unión Europea. Las imágenes y videos y todos los textos: autoría de A.C.G. puedes usarlos, siempre y cuando menciones la procedencia y autoría. Gracias.

lunes, 17 de agosto de 2026

Richard COUDENHOVE-KALERGI (1894-1972), precursor de la Unión Europea

Cuando hablamos de los padres de Europa suelen aparecer los nombres de Robert Schuman, Jean Monnet, Konrad Adenauer o Alcide De Gasperi. Es cierto que fueron ellos quienes, después de la Segunda Guerra Mundial, comenzaron a convertir la integración europea en una realidad política. Pero varias décadas antes, cuando una Europa sin fronteras parecía poco más que una utopía, Richard Coudenhove-Kalergi ya había imaginado un continente políticamente unido.
Nacido en Tokio en 1894, hijo de un diplomático austrohúngaro y de una japonesa, Coudenhove-Kalergi creció en el ambiente cosmopolita del desaparecido Imperio Austrohúngaro. La Primera Guerra Mundial y la fragmentación de Europa que siguió al conflicto determinaron buena parte de su pensamiento.
Su conclusión era sencilla y, para la época, revolucionaria: si los Estados europeos continuaban compitiendo entre sí mediante el nacionalismo, las rivalidades territoriales y las guerras, Europa acabaría destruyéndose y perdiendo su importancia en el mundo.

Pan-Europa
En 1923 publicó Pan-Europa, la obra que lo convertiría en uno de los grandes precursores intelectuales de la integración europea. Coudenhove-Kalergi proponía crear una federación de Estados europeos que garantizara la paz, favoreciera la integración económica y permitiera al continente mantener su independencia frente a las grandes potencias. Por otro lado, no se limitó a escribir sobre aquella idea, pues fundó el movimiento paneuropeo y consiguió reunir a políticos e intelectuales de numerosos países alrededor de su proyecto. Uno de sus principios fundamentales era la reconciliación entre Francia y Alemania. Sin superar aquella rivalidad histórica, pensaba, cualquier proyecto europeo estaba condenado al fracaso.

Una primera oportunidad perdida
El movimiento paneuropeo consiguió una importante repercusión durante los años veinte. Entre quienes se interesaron por aquellas propuestas se encontraba el estadista francés Aristide Briand. En 1929, Briand defendió ante la Sociedad de Naciones algún tipo de vínculo federal entre los países europeos. Por primera vez, la idea de una Europa organizada políticamente comenzaba a salir de los círculos intelectuales para entrar en la diplomacia internacional. Pero llegó demasiado pronto. La crisis económica, el crecimiento de los nacionalismos y posteriormente el ascenso del fascismo hicieron desaparecer aquella posibilidad.
Entonces Europa tomó exactamente el camino contrario al que Coudenhove-Kalergi proponía. Hitler llegó al poder en 1933 y el movimiento paneuropeo fue prohibido en Alemania. Tras la anexión de Austria en 1938, Coudenhove-Kalergi tuvo que huir. Durante la Segunda Guerra Mundial continuó defendiendo desde el exilio la necesidad de crear una federación europea cuando terminara el conflicto.

Después de la catástrofe
La destrucción de Europa entre 1939 y 1945 transformó radicalmente la situación del continente. Lo que durante los años veinte había parecido utópico comenzaba a considerarse una necesidad política. En septiembre de 1946, Winston Churchill, en su célebre discurso de Zúrich, defendió la creación de una especie de “Estados Unidos de Europa” y reconoció el trabajo realizado anteriormente por el movimiento paneuropeo.
Coudenhove-Kalergi volvió entonces a participar activamente en el europeísmo. En 1947 impulsó la Unión Parlamentaria Europea, que pretendía reunir a parlamentarios de distintos países favorables a la integración continental. Europa comenzaba finalmente a construir instituciones comunes.
En 1950, la ciudad alemana de Aquisgrán creó el Premio Internacional Carlomagno, destinado a reconocer las contribuciones a la unidad europea. Su primer galardonado fue precisamente Coudenhove-Kalergi. Ese mismo año Robert Schuman presentó su histórica declaración para colocar la producción francesa y alemana de carbón y acero bajo una autoridad común. De aquella iniciativa surgiría la Comunidad Europea del Carbón y del Acero y, posteriormente, la Comunidad Económica Europea.

La utopía empezaba a convertirse en política.
También imaginó los símbolos de Europa Coudenhove-Kalergi comprendió además que Europa necesitaba algo más que instituciones económicas y tratados, necesitaba también símbolos compartidos. Por eso defendió que la “Oda a la alegría” de la Novena Sinfonía de Beethoven se convirtiera en himno europeo. Algunas décadas después, aquella propuesta se hizo realidad: el Consejo de Europa adoptó la melodía en 1972 y posteriormente también lo hicieron las Comunidades Europeas. Coudenhove-Kalergi murió ese mismo año.
Él no llegó a conocer la Unión Europea, el espacio Schengen ni el euro, y sería exagerado afirmar que imaginó exactamente la Europa que existe actualmente. Pero algunas partes de su pensamiento pertenecen claramente al contexto político e intelectual de la primera mitad del siglo XX, y acertó en una cuestión fundamental.Comprendió que las guerras europeas no podían evitarse únicamente mediante equilibrios entre Estados rivales. Era necesario crear intereses, instituciones y objetivos compartidos que hicieran que antiguos enemigos dependieran unos de otros.
Schuman, Monnet, Adenauer y De Gasperi tuvieron la oportunidad histórica de comenzar a construir esa Europa después de 1945.Coudenhove-Kalergi la había imaginado más de veinte años antes: cuando publicó Pan-Europa en 1923, su propuesta parecía utópica. Un siglo después, y en un momento en que Europa vuelve a preguntarse cuál debe ser su lugar entre las grandes potencias mundiales, aquella vieja cuestión conserva toda su actualidad: ¿puede Europa mantener su independencia y su influencia si permanece dividida?