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miércoles, 20 de enero de 2016

La Factoría Barroca cierra sus puertas, entrevista a J.Ricart

Por Mariana Ortiz
 (Entrevista  publicada en el periódico “Levante”   18- XII- 2015)

En las inmenso ciberespacio donde todo está al alcance de un simple click, todavía existen personas que se resisten a abandonar la materialidad de las obras de arte que confían en pequeños formatos y al envío a través del correo postal para dar a conocer sus trabajos. Algunos lo denominan mail-art, otros, poesía visual. Una prueba de ello es la carpeta La Factoría Barroca dirigida por el valenciano J. Ricart.

Para empezar, una simple curiosidad ¿cómo un profesor de literatura acaba dirigiendo una carpeta de arte moderno? - A la mayoría de la gente le suele extrañar que un hombre de letras termine en bellas artes. No creo que una licenciatura o una profesión te acredite para una determinada tarea. Como bien sabrá aparte de la docencia y de la crítica también escribo poemas. En el año 96 me inicié de la mano de Raúl Gálvez en el mundo de la poesía visual y de ahí a la experimentación, al collage, al libro- objeto y demás.

¿De dónde le vino la idea de organizar esta revista ensamblada? ¿Se dice así, no?
 -En efecto, veo que se ha documentado.  Los 90 fueron quizá la década dorada de este tipo de compilaciones. Después del éxito de internet como vehículo de difusión y la crisis económica estas revistas prácticamente desaparecieron. Como siempre, yo llego tarde a todo. Pero aún logré participar los últimos números de Píntalo de verde, El Paraíso o Set Formes. De ahí me vino la posibilidad de reactivar este tipo de intercambios, un poco a modo de resistencia frente a las modas.

¿Cómo se le ocurrió ese título? – Todo el mundo sabe  mi fascinación por lo barroco. Para mí esta palabra significa rebeldía y provocación. Por eso, desde el primer momento supe la mitad del título. Después de pensar mucho, me dejé cautivar por algunos libros de la Generación del 27 tipo Manual de espumas o Perito en lunas que asociaban términos muy distantes conceptualmente hablando y voile!

Hojeando ejemplares anteriores no solo se puede contemplar arte sino también mucha artesanía en la presentación de las carpetas. ¿Podría profundizar en este aspecto? - Uno de los objetivos de LFB fue realizar una pequeña  muestra colectiva de reducida tirada que sirviera de intercambio no venal entre sus creadores. De ahí que siempre se exigiera obra original, firmada y numerada, donde la fotocopia habitual quedaba totalmente excluida. Después se cuidó el exterior tal como hoy lo conocemos: Cada número es único e irrepetible. Los materiales y cartulinas son diferentes, aunque el formato y la presentación ligada con cordel se han mantenido. Solo rompimos esa regla con una edición especial con obras tridimensionales.

A través de estas veinte entregas supongo que habrán participado muchos artistas- ¿podría destacar alguno? - Exactamente han participado     artistas. Sin ánimo de ofender a nadie, señalaría algunos nombres, como el de Antonio Gómez por su impecable factura,  el alemán Jörg Seifert y el italiano Water Pennachi por sus generosas contribuciones, Agustín Calvo y Miguel Jiménez  por nuestras comunes afinidades,  y con un cariño especial la de mi ex, y la de mi sobrina con cuatro añitos.

Señor Ricart ¿Ha sentido la tentación de censurar alguna obra?  -  Ganas no me han faltado. Bromas aparte, tanto si me gusta como si no, se trata de un espacio  libre donde no hay ni selección ni censura, siempre que se ajusten al formato, la presentación o a los plazos de envío. En ese sentido, sí que me he visto obligado a intervenir en algunos casos que no se atenían a estas bases.

¿Por qué este es el último número? - Desde un principio me propuse como límite veinte números, es decir, cinco años. Y parece mentira cómo pasa el tiempo. Hace medio año fui avisando a los colaboradores de que me iba a retirar y muchos se extrañaron de la decisión, incluso otros me animaron a seguir adelante. Pero todo lo que tiene un principio debe tener un final. Además, más vale una retirada a tiempo, que no una estrepitosa derrota.

Se le nota un poco cansado. Corríjame si me equivoco  - A pesar de que la periodicidad es de cuatro números anuales, resulta a veces agotador y a veces estresante pensar en qué material será la próxima, en buscar la participación de nuevos artistas, en preparar los envíos, en llevarlos a correos etc. Por otra parte, también me molesta bastante la desidia, el divismo, y ciertas actitudes “seudo-dadaistas” trasnochadas.

¿A qué se refiere con eso? - Al hecho de que como es un proyecto sin cortapisas algunos aprovechan el principio de “todo es lícito” y firman cualquier mamarrachada que a cualquiera abochornaría con el único fin de figurar. Es muy respetable que algunos no compartan estas iniciativas, pero lo más coherente, por no decir honesto, sería negarse a colaborar en ellas. Resulta un agravio comparativo, y al mismo tiempo desconsiderado, para con la mayoría de participantes que trabajan un concepto, exploran recursos y consiguen plasmarlo a su manera.

Sin embargo y a pesar de todos los peros, ¿podría afirmar que se siente al menos satisfecho?  - Indudablemente.  Cada entrega supone un nuevo reto. Buscar materiales en almacenes y papelerías, solicitar colaboraciones, abrir el buzón cada semana y encontrarte un sobre especial entre  facturas y propaganda. Pero, sobre todo, lo mejor de todo es la posibilidad que te ofrece de contactar con personas con las que compartes inquietudes creativas de cualquier índole,  aunque se encuentren a cientos de kilómetros.

Para ir finalizando la entrevista ¿Cree que en un futuro LFB pueda volver a abrir sus puertas? – Este año sabático creo que me sentará muy bien, aunque parezca mentira se trata de una tarea absorbente. Además estoy ultimando mi último libro La Biblioteca Secreta del Príncipe di Sangro y necesito concentrarme en exclusiva al menos durante un tiempo. Intentando contestar a su pregunta. No soy partidario de las declaraciones categóricas. Quizá. Tal vez. Qui lo sa?

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